INDEPENDENCIA, SOCIALISMO Y JUVENTUD


      3. CONDICIONES OBJETIVAS Y CONCIENCIA SUBJETIVA.

      Cuando se dice que los lazos económicos entre el capitalismo vasco y el español, las ayudas del Estado español a los negocios internacionales del capitalismo vasco, las inversiones del Estado en las infraestructuras vascas, etc., cuando se dice que esto hace inviable la independencia vasca se parte de un planteamiento tramposo, consistente en hacer del presente una realidad eterna, de siempre, y que existirá para siempre. Se oculta, primero, que si existe esta economía es porque ha sido impuesta y no por que sea "natural", pudiendo existir otra muy distinta; segundo, que esta economía se sostiene además sobre la alienación, el miedo y la fuerza represiva, despilfarrando recursos y sufriendo crisis periódicas que destruyen grandes cantidades de bienes y equipos, cuando, en realidad, puede desarrollarse otra cualitativamente superior; y, tercero, que existen condiciones objetivas suficientes para avanzar en esa otra economía, en esa sociedad socialista.

      Primero, cuando Roma construía carreteras, puentes, puertos y ciudades, formaba burócratas autóctonos, etc., para facilitar el flujo comercial y la recaudación de impuestos, así como la rapidez de movimientos de sus legiones en la tarea de reprimir las crecientes sublevaciones nacionales y luchas sociales, no sólo destruía las formas socioeconómicas anteriores a la invasión romana sino que también imponía una base económica nueva y una cultura nueva, y a la vez determinaba el futuro de las generaciones posteriores. Pues bien, ésta ha sido después la misma práctica de todas las invasiones que han buscado quedarse el mayor tiempo posible en el país ocupado para sangrarlo lo más posible. A la vez, las burocracias fieles al ocupante tienden a constituirse en clase dominante. Aunque el proceso histórico ha sido más complejo y concreto en cada caso particular, a la larga, la estructura de clases y la base socioeconómica asentada en la propiedad privada de los medios de producción tuvo uno de los orígenes en la dialéctica entre la dominación interna y la externa. Y en determinados casos, como en Euskal Herria, la dominación externa, las invasiones españolas y francesa en concreto, han tenido una importancia decisiva en el triunfo definitivo del sistema capitalista. Y lo siguen teniendo en el mantenimiento del capitalismo.

      Ocurre que la ideología burguesa sostiene que el capitalismo es "natural", que surge porque sí, sin mayores problemas y sin violencia. La realidad histórica es muy otra. En nuestro caso, el capitalismo, que aunque ya estaba embrionariamente asentado en Euskal Herria desde el siglo XVI sobre todo con la producción de hierro, armas y de barcos, fue creciendo económicamente pero chocando cada vez más con las estructuras político-administrativas del Antiguo Régimen, de los Fueros. Aunque, en sentido general, la burguesía comercial y mercantil, luego manufacturera, quería destruir los Fueros y unirse al Estado francés y español, no tenía fuerzas suficientes para lograrlo por ella misma y necesitó de la decisiva ayuda de los ejércitos extranjeros para imponer el triunfo político-administrativo del capitalismo, que ya era el modo de producción dominante en lo económico. Esta forma de imponerse el capitalismo ha marcado desde entonces el contenido y la esencia de la opresión nacional que sufrimos, y las formas de esa opresión que han venido sucediéndose --bajo la monarquía, la república, el franquismo, la monarquía franquista y constitucional, en Hegoalde, y bajo la república, la reinstauración monárquica, las sucesivas repúblicas posteriores, la ocupación alemana y luego de nuevo la república francesa en Iparralde-- en modo alguno han negado ese contenido sino que lo intentaban reforzar en cada período correspondiente.

      Consiguientemente, si el capitalismo y la opresión nacional se han impuesto de esa manera, nada asegura que sean eternos y que de la misma forma en que se han impuesto así, también pueden ser superados históricamente si fallan sus fuerzas de sustentación. En este caso, perfectamente plausible, puede desarrollarse otro sistema socioeconómico y una realidad de libertad nacional vasca. Y para comprenderlo más fácilmente es bueno prestar atención a los otros tres puntos.

      Segundo, esta relación entre las presiones y amenazas, invasiones y represiones exteriores, y el colaboracionismo de la burguesía interna, vasca, explica además de los lazos socioeconómicos y políticos actuales de Hegoalde con el Estado español e Iparralde con el francés, también y sobre todo que el capitalismo sólo se ha mantenido en nuestra nación mediante la fuerza militar y policial exterior que en los momentos críticos aplicaban esos Estados --con la ayuda de la burguesía vasca-- para solucionar la crisis de orden que afectaba a dicho capitalismo. En general, todo capitalismo concreto se ha mantenido en las situaciones críticas gracias a brutales represiones y hasta guerras contrarrevolucinarias atroces en algunos casos. La historia concreta de los grandes Estados capitalistas, oficialmente pacífica, es en realidad un charco de sangre obrera en un cenagal de alienación y enajenación, soborno, corrupción y miedo, sólo superados por las brutalidades sufridas por las naciones ocupadas. La historia concreta y real vasca, desde finales la segunda mitad del siglo XVIII, cuando el capitalismo interno está ya asentado económicamente, chorrea sangre por todas partes. De no ser por los ejércitos extranjeros, sobre todo por el español en Hegoalde, la burguesía vasca hubiera tenido muy serios problemas para seguir en el poder y mantener su alianza vital con la burguesía española. En Iparralde también fue decisiva la ferocidad militar francesa pero el débil proletariado vasco, vertebrados del pueblo trabajador en la Euskal Herria continental, no estaba en condiciones de sostener una lucha como en Hegoalde. La razón fue el subdesarrollo de un capitalismo fuerte como en el sur de nuestra nación porque, básicamente, París se encargó muy pronto, desde comienzos del siglo XIX, de poner todos los obstáculos posibles a su crecimiento.

      Estas realidades históricamente innegables han marcado al capitalismo de forma indeleble de manera que, en los hechos y no en la propaganda, resulta ser un sistema enormemente despilfarrador, irracional e incoherente, y minado por inevitables contradicciones y crisis internas que periódicamente multiplican el malestar y la infelicidad humanas. Los Estados español y francés no han hecho por ellos mismos nada serio para limitar esta realidad, sino solamente aquellas medidas que de algún modo favorecían y favorecen directamente su expoliación o lo hacían y hacen indirectamente, mediante las ganancias de la burguesía vasca que, por su alianza de clase con la burguesía franco-española, revierten en su beneficio. Las soluciones que mal que bien se han desarrollado han sido sólo producto de la lucha tenaz y sistemática del Pueblo Trabajador Vasco, muchas veces en la clandestinidad y frecuentemente careciendo de los derechos básicos que debiera conceder una democracia burguesa normal. Ahora bien, si pese a esto hemos podido, en primera instancia, evitar la derrota estratégica y la extinción nacional de Euskal Herria y, después, avanzar en nuestra construcción nacional, ¿qué no podríamos hacer con y en otro sistema socioeconómico no basado en la opresión y explotación, sino en la democracia socialista y en la independencia nacional?

      Y tercero, lo peor del capitalismo no son sólo los terribles sufrimientos que causa a la humanidad y la destrucción ya casi irreversible de la naturaleza, y, en nuestro caso, su responsabilidad en la opresión y desmembramiento nacionales que padecemos, con ser estas realidades insoportables e injustas. Lo peor del capitalismo es que ha agudizado al extremo la contradicción irreconciliable que existe entre los sufrimientos y crisis que genera y las potencialidades objetivas de superarlos que ha construido. Es decir, por un lado, es un sistema esencialmente destructor pero, por otro lado, ha generado las posibilidades objetivas para dar el salto a una sociedad cualitativamente superior, el comunismo al cual se llega mediante la etapa anterior, el socialismo. Toda la historia humana desde 1917 hasta ahora se explica, en última instancia, por el desenvolvimiento concreto de esta contradicción entre el hecho de que existen las condiciones objetivas a nivel planetario --fuerzas productivas, tecnología, transportes, bienes acumulados, conocimientos científicos, etc.-- para dar el salto al socialismo como paso necesario al comunismo y, por el contrario, las condiciones subjetivas para lograrlo --la conciencia de las masas oprimidas, la fuerza de las organizaciones revolucionarias, etc.-- están sometidas a una atroz, brutal, genocida e implacable agresión global por el imperialismo para impedir que se materialicen esas condiciones objetivas. Esta contradicción a escala mundial, también la padecemos en Euskal Herria y, además de otras cuestiones, explica también el presente y el futuro de la juventud vasca y mundial.

      Mundialmente esta contradicción se plasma en las luchas revolucionarias de liberación nacional, en las luchas de las clases trabajadoras, en las luchas antipatriarcales que recorren el planeta, en las luchas ecologistas, culturales, sociales, etc., de todo tipo, de las cuales, la lucha antiglobalización es sólo una parte; pero también se plasma en las represiones inhumanas de las burguesías, en las dictaduras, guerras provocadas y agresiones múltiples; en los chantajes, amenazas económicas e imposiciones comerciales del imperialismo; en la exclusión y prohibición del uso e investigación de nuevas tecnologías blandas y democráticas y desarrollo de un sistema científico progresista y crítico, así como en el monopolio férreo de la medicina y de los sistemas alimentarios por el imperialismo para usarlos como armas opresoras; en la pasividad cuando no colaboracionismo de la ONU y otras instituciones internacionales con el capital, y un largo etcétera. Esta contradicción nunca es lineal en su evolución sino que pasa por ondas u oleadas de ascenso, estancamiento y descenso, por flujos y reflujos, dependiendo de factores internos que no podemos exponer ahora pero de entre los cuales son decisivos la conciencia política revolucionaria y capacidad de autoorganización, autogestión y autodeterminación consciente de las masas oprimidas. Pero cada oleada nueva que renace tras la sanguinaria derrota y represión de la anterior, lo hace mejorando viejos métodos y creando nuevas formas de lucha, del mismo modo que cada nueva contraofensiva del capitalismo también intenta mejorar sus armas asesinas y exterminadoras.

      En Euskal Herria esta contradicción se plasma en la lucha de liberación nacional y social en su actual fase de construcción soberanista, con la fuerza creativa demostrada a lo largo de los decenios; pero también en la sucesión ascendente de paradigmas, sistemas y estrategias represivas aplicadas por los Estados español y francés para detener y destruir el ascenso no lineal pero sí objetivamente tendencial al alza del proceso independentista y socialista. Esta contradicción cada vez más aguda es la que explica la urgencia de los aparatos estatales para multiplicar todos los recursos de manipulación e intimidación, como los artículos citados de El País que, tras este breve y rápido análisis, demuestran ser no un estudio "objetivo" de la situación sino un instrumento de dominación basado en el chantaje y en el miedo al empobrecimiento, la ruina y hasta el hambre que destrozará Euskal Herria si avanzamos en nuestra independencia. Ahora bien, esta amenaza se cae por los suelos cuando vemos que sí existen condiciones objetivas también en nuestro país para liberarnos, que esas condiciones objetivas están dadas parcialmente dentro del capitalismo y dentro de nuestro pueblo que ha ido construyendo con su lucha fuerzas autoorganizadas.

      La fuerza y la razón de nuestro proceso se basa en que no sólo luchamos por la independencia nacional a secas, sino a la vez por el socialismo dentro de una sociedad no patriarcal que, además, aplique criterios cualitativamente diferentes de forma de vida, trabajo y relaciones humanas en y con la naturaleza. La resultante de estas luchas reivindicativas no es una simple suma de todas ellas, sino una totalidad coherente que integra a sus partes en un sistema superior y global. Es decir, el límite insuperable de las amenazas españolas sobre la inviabilidad económica de la independencia se basa en que conciben esa independencia sólo dentro del marco capitalista, o sea, como una "solución", por denominarla de algún modo, muy similar a los tramposos y fracasados procesos de descolonización impuestos por los imperialismos europeos para garantizar la continuidad de su dominio directamente económico sobre las excolonias y su indirecto pero muy presente dominio político, cultural, tecnocientífico, militar, etc. Estos pueblos son "libres" e "independientes" sólo en la apariencia legal, y ya prácticamente ni eso en la inmensa mayoría de los casos, pues sus estructuras administrativas internas, sus Estados, están al borde de la extinción y podridos por mafias, castas y corrupciones impuestas por el capitalismo mundial. Estos pueblos sí que padecen descarnadamente lo que dice El País porque las potencias ocupantes se encargaron de arruinarlos, empobrecerlos e impedir que generaran sus propios recursos. Es muy significativo que los Estados español y francés lleven años haciendo lo mismo, intentando destruir o debilitar al máximo el capitalismo vasco, haciéndolo más dependiente y sujeto a sus dictados, contando con la pasividad y con el apoyo de las diversas fracciones de la burguesía regionalista.

      Es incuestionable que desde la cegata perspectiva del independentismo abstracto y vacío, sin contenido socialista, antipatriarcal, ecologista, etc., alguno, este independentismo está condenado a la inexistencia porque sólo es una frase demagógica, hueca y propagandística de la burguesía regionalista. Y, desde esta perspectiva falsa y reaccionaria, es lógico decir como han dicho periódicamente destacados dirigentes del PNV que "para qué queremos la independencia de las berzas". Sin embargo, el problema cambia ciento ochenta grados cuando lo analizamos desde la izquierda abertzale, cuando planteamos una alternativa total y sistemáticamente superior a la burguesa, y cuando demostramos que además de las condiciones objetivas ya existentes hay que añadir las que se crean por y en la intervención consciente del pueblo trabajador movilizado por la conquista de esos objetivos. Hasta el presente toda la historia de la emancipación obrera y popular ha demostrado la impresionante capacidad creativa de las masas cuando dirigen ellas mismas su emancipación. Además, no partimos de la nada ni carecemos de experiencia acumulada, proyectos y planteamientos alternativos. Todo lo contrario. La izquierda abertzale en particular y el conjunto de las fuerzas democráticas y progresistas vascas en general hemos elaborado durante años de práctica y de elaboración teórico-crítica no solamente programas políticos sino también socioeconómicos, administrativos, educacionales, de infraestructuras y transporte, sanitarios, ecologistas, urbanísticos, etc., que iluminan el camino a seguir. De igual modo, a lo largo de décadas de lucha, nuestro pueblo se ha dotado de una muy sana prevención antiburocrática, de una red de movimientos populares y sociales, sindicales, vecinales, sociales, etc., que aunque con limitaciones forman la base real, cotidiana, de un futuro y eficaz poder popular.

      Sabemos que los Estados español y francés, con el apoyo de las fuerzas reaccionarias, unionistas y regionalistas pondrán todos los obstáculos posibles al proceso independentista y socialista, desde los intentos de asfixia socioeconómica y tecnocientífica, sanitaria y alimenticia, hasta la agresión militar externa y la movilización reaccionaria interna, pasando por el sabotaje y el boicot, el aislamiento internacional y la más mentirosa propaganda imaginable. Nos sobran experiencias al respecto. Por eso, para superar esos ataques, damos tanta importancia al carácter sistémico, global y totalizante del proyecto independentista y socialista. Su fuerza, como decimos, radica en su capacidad de interrelacionar todos y cada uno de los problemas y necesidades de Euskal Herria con los sujetos concretos que los han de resolver y, a la vez, relacionar a estos sujetos entre sí en el marco de una democracia socialista y de un poder popular. Y también damos importancia al hecho reiterado de que los procesos emancipadores tienden a acercarse bajo el impulso de la ley del desarrollo desigual y combinado, lo que aumenta las condiciones de solidaridad internacionalista. En contra de lo que dice la propaganda burguesa, no estamos solos ni aislados, y en la medida en que asciende la oleada internacional, mundial, de luchas aumentan y se fortalecen los lazos solidarios entre los pueblos oprimidos. Pero de modo alguno debemos caer en el error de pensar que nuestro futuro va a resolverse simplemente esperando a la famosa "revolución mundial" o, como sostenían las izquierdas estatalistas de hace tres décadas, uniéndonos a la "revolución española" y acompasando nuestra velocidad a la suya, más lenta. No hay que esperar a nadie, sino que cada pueblo y cada clase trabajadora ha de impulsar lo máximo posible su propio proceso revolucionario. Este es el más efectivo internacionalismo posible y el que más ayuda prácticamente a otros pueblos.


      4. LA JUVENTUD COMO FUERZA REVOLUCIONARIA

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